Stephen Glass, el precio de la mentira


Pr15_Glass / Mercedes Durá Lizán

Shattered glass, estrenada en España con el título El precio de la verdad, narra la historia real protagonizada por el periodista Stephen Glass. Este joven reportero de The New Republic había iniciado a sus veintitres años una carrera profesional que parecía imparable, compaginando su trabajo con colaboraciones en Policy Review, George, Rolling Stone y Harper’s. Sus artículos interesaban a todo el mundo porque en sus historias, de creciente inverosimilitud, parecía cumplirse aquello de que la realidad supera la ficción.

La película nos muestra la evolución desde las acusaciones que despertaron las primeras sospechas relativas a la veracidad de las historias escritas por Stephen Glass, hasta su caída definitiva dentro del periodismo. El escándalo final estalló a partir de la publicación del artículo Hack Heaven (El paraíso del hacker), que contaba una insólita historia sobre un hacker de 15 años que había penetrado en los sistemas de seguridad de una empresa, desentrañando varias cuestiones confidenciales, y posteriormente había sido contratado por ésta por un alto precio.

Dada la espectacularidad del artículo el reportero Adam Penenberg, de Forbes.com investigó el caso; descubrió que ninguno de sus protagonistas existía y que las fuentes no parecían reales. Este descubrimiento, junto a las indagaciones del entonces director de The New Republic, Charles Lane, sacaron a la luz la verdad, que en este caso consistía en una serie de grandes mentiras.

El director Billy Ray hace un interesante paralelismo entre las palabras de Glass sobre lo que debe de ser el periodismo y la forma tan distinta en que lo ejerció. La fuerte competitividad, su acelerada carrera y su visceral necesidad de reconocimiento provocaron que su fin justificara cualquier medio.

El precio de la verdad (Shattered Glass)

Grandes escándalos del periodismo.

Desgraciadamente la de Stephen Glass es solo una de las grandes mentiras del periodismo. En un artículo titulado Periodistas mentirosos publicado en La Vanguardia, podemos leer algunos de los casos que han conmocionado a la sociedad y a la profesión periodística. El artículo fue escrito poco después de la polémica suscitada por el documental “Babys sicarios” que fue realizado en 2009 por Cuatro. Medios de Colombia, investigaron las fuentes del reportaje de Cuatro y aseguraron que los niños que aparecían en el mismo había sido pagados y se les había prometido trabajo en el exterior.

Hay que tener en cuenta que hay diferentes grados de mentiras ya que se puede falsear una parte (detalles, fuentes, la asistencia del periodista al mismo) o la totalidad de la noticia. Sobre este último caso dice Adrian Eduardo Duplatt que “las noticias inventadas están elaboradas a partir de elementos, declaraciones, hipótesis… que no existen en la realidad y que no se rectifican a posteriori. Aquí se está en presencia de una categoría ética: la veracidad.” “Generalmente en la propia redacción de la noticia inventada se encuentran indicios de su inexistencia. La falta de citas de fuentes identificables, falta de constatación de datos, cantidad de hechos que no se produjeron y no se sabe si iban a producirse, conllevan a dudar de la información y de la intención del informante.”

Titulares

  • “Periodismo es el arte de captar comportamientos”
  • “Un buen director lucha por su redactores”
  • Hay un hueco en el sistema de control de datos. Muy grande. Los hechos en muchas notas pueden comprobarse, en ciertas fuentes (…) pero en otras notas, la única fuente disponible son las notas del periodista”
  • “Nos entregó ficción tras ficción y todo lo publicamos como cierto.”
  • “¿Sabes lo que pudo evitar todo, no? Unas fotos”

Conclusiones

 Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo o, lo que es lo mismo, en el periodismo nunca hay que inventar nada: ni una noticia ni una fuente para respaldarla, ni el más mínimo detalle para darle color a la historia. Parece la conclusión más obvia pero es también la más importante, ya que una mentira acaba con cualquier periodista para siempre.

¿Quién vigila al vigilante? Esta película pone de manifiesto que el control sobre las informaciones es a menudo insuficiente y se basa en una confianza ciega en la profesionalidad de los periodistas; con frecuencia esto se debe al ritmo frenético de los medios pero en otras ocasiones parece que el entusiasmo que genera una buena nota hace que los profesionales se dejen llevar y abandonen una actitud de alerta necesaria en esta profesión.

Ver para creer. Las fotografía son una valiosa prueba de la veracidad de la información. Si bien también existe la manipulación fotográfica lo cierto es que, generalmente, el elemento fotográfico le aporta una mayor credibilidad a la noticia.

Algo similar ocurre con las fuentes. No es recomendable obtener información de una fuente por vía telefónica o por e-mail. Siempre que sea posible hay que ir al lugar donde suceden las cosas o hablar con las fuentes in situ.

Errar es humano. El periodista es un profesional; como tal puede cometer errores, siempre que haya indagado para conseguir confirmar la veracidad de su noticia. Por tanto no debe pedir perdón cada vez que cometa un error.

Entre la espada y la pared. Ser un buen director es algo realmente complicado ya que estos suelen hallarse en una posición intermedia. Debe velar por sus redactores y por la calidad de la información que su medio transmite.

Aprender del enemigo. En el periodismo se produce una sinergia interesante con los competidores, ya que estos son, con frecuencia, una buena fuente a partir de la cual investigar sobre un tema. De este modo se produce un control constante entre los medios y esto es una garantía de calidad informativa.

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Acerca de mercedesdura

Me llamo Mercedes Durá Lizán y soy publicitaria, diseñadora gráfica y antropóloga, aunque siempre me han dado de comer mis dos primeras facetas. Por lo demás tengo un sueño - ser periodista- que no quiero fustrar y muchas ganas de tener los ojos muy abiertos para que vean, aunque miopes, todo lo que puedan.

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